Los ojos de Elizabeth se cristalizaron a la par que su corazón se encogió de manera dolorosa en su pecho. ¿Cómo puede él ser tan frío?
—Einar...
—¿Qué? —La cortó. —Ya he cumplido con el trato. —El dolor de la mujer se volvió más agudo al recordar porque estaban juntos.
—Pero sabes que yo...
—No. —La cortó. —Nuestros padres nos obligaron a casarnos, yo te he dado todo lo que tienes y te has alimentado de mi apellido tal cual era el plan. Todo está hecho, ahora quiero el divorcio. —La joven m