Ricardo y Christopher corrieron hacia la mesa rebasándose el uno al otro, pero a mitad de camino, la gente se les quedaba viendo. Entonces comprendieron que se veían ridículos haciendo eso. Moderaron su andar, pero aún, uno quería estar delante del otro. Cuando llegaron a la mesa, fingieron que nada pasaba, pero los dos se veían retadores a los ojos, con unas fulgorosas llamas en las pupilas, esperando hallar el momento para estar a solas conmigo y convencerme de su amor.
―¡Ah ya trajeron la c