Amanecer.
Capítulo XXIII
Pensé lo que había vivido, era inimaginable, fue cómo si hubiésemos tenido un eco del amor, sin tocarnos alcanzando el éxtasis infinito, la energía que broto de nuestros cuerpos fue extraordinaria, Diego todavía respiraba con dificultad, no nos miramos, nos sentamos unos minutos fuera de la iglesia, respiramos más pausadamente y caminamos sin decir palabra.
Las parejas seguían juntas, iban por el mismo camino, entraban juntas a las casas, mientras nosotros dos caminábamos embrujad