Esperé lo que para mí fue una eternidad entre gruesas lágrimas, mientras los ruidos se hacían más fuertes a mí alrededor, las ramas se agitaban con el viento, acompañando su movimiento con las risas escandalosas a la distancia y aquellas voces que de a poco se convertían en una sola, en su maldita voz.
Sentí un punzante dolor en mi pierna, pero ni me molesté en mirar si me había hecho daño en la caída o no.
Quería con desespero protegerme por mi cuenta, ya que solo tenía miedo de él y Jack no