Luego de la cena, Mary llevó a Adeline a su habitación, la cual apenas era una cuarta parte del espacio que ocupaba su recámara en el palacio. Esto no la sorprendió mucho, ya que en su vida anterior estaba acostumbrada a vivir sin tanto lujo o espacio.
—Lamento traerte al ático, Louise, pero es el único sitio que queda disponible en la casa —dijo Mary, apenada.
—No te preocupes, es perfecto para mí —exclamó Adeline con gentileza—. Además, no traigo muchas cosas, así que agradezco que tengan u