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-¡Altísimo! –expresé en un grito pegando la cabeza del espaldar de la cama de la impresión.

 Debía de estar realmente media dormida porque ni siquiera me dolió.

 Prendí la luz de la lampara que se encontraba en la mesa de noche, y me di cuenta de que era Keller, ¿Cómo rayos había entrado a mi habitación?, tal vez estaba soñando. Él mantenía esa débil sonrisa qu

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