Mariana Carbajal
Las sirenas lo llenan todo ese sonido agudo, constante, que perfora el aire y no me deja pensar voy junto a él en la ambulancia, aferrando su mano con fuerza, como si soltarlo fuera perderlo.
—Señor, manténgase con nosotros —dice uno de los paramédicos mientras revisa sus signos—. No cierre los ojos.
—Denn… —susurro cerca de su rostro—. Mírame… estoy aquí.
Sus párpados tiemblan, luchando.
—Ma… riana…
—Sí, sí… aquí estoy —respondo de inmediato, conteniendo el llanto—. No te atre