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Estuvimos asi por un largo tiempo como si no fuese la única persona que necesitaba un abrazo.

—Es peligroso que estemos aquí afuera —dijo el mirándome a los ojos a lo que solo asentí.

Él se puso de pie y extendió su mano para ayudarme a levantar. Al apoyar la planta de mis pies el ardor se esparció.

—¡Ah! —exclame al sentir el roce de la arena.

—Ven… —el paso sus brazos y me levanto.

Entramos a la casa y fue cuando vimos a los profesores aparecer.

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