Me froté la muñeca enrojecida por el agarre de Carlos y respondí con calma: —Casi me lleva un matón. Vámonos, me asusté.
Néstor soltó una risita sarcástica y, con un tono un poco burlón, dijo: —¿Tú asustada? Vamos, Olivia, tú eres de las que no le temen a nada.
Lo miré con curiosidad, sin entender por qué hoy Néstor no podía ni hablarme sin usar ese tono. Parecía inquieto, pasándose la mano repetidamente por el cabello.
Carlos se acercaba por el rabillo del ojo, y no tuve más remedio que rea