Hice un gesto de sorpresa y salí de detrás de Carlos, extendí los brazos con entusiasmo para saludar a Diego.
Cuando me vio salir, Diego se quedó un poco rígido.
Lo ignoré deliberadamente, lo abracé suavemente como cuando era niña, y me retiré con naturalidad, colocándome detrás de Carlos.
Mis movimientos fueron fluidos, mi mirada tranquila.
Era como si la relación que tenía con Néstor fuera solo una amistad inocente de la infancia, la más pura entre un hombre y una mujer, sin nada más detrá