Durante casi una semana no vi a Carlos ni recibí noticias de él.
Desde la última vez que me lanzó aquellas palabras crueles, que me tuvieron en vilo durante días, desapareció sin dejar rastro.
Nuestras vidas dejaron de cruzarse, como siempre había sucedido. Si yo no hacía el esfuerzo de alcanzarlo, simplemente no habría forma de encontrarnos.
Sin embargo, agradecí que no hubiese hecho daño a las personas que me importaban. Las personas separadas deberían tener esa claridad: nunca volver a ver