El aire de la tarde en Valencia estaba envuelto en un manto de oro cálido, transportando el aliento suave y salado del mar Mediterráneo al rozar las paredes de piedra de nuestro restaurante frente al puerto. Afuera, en la amplia terraza de madera que dominaba la dársena, una mesa al aire libre se extendía bajo un dosel de luces de hadas parpadeantes. Era el tercer aniversario del día en que abrimos nuestras puertas por primera vez, transformando un almacén de piedra desolado y vacío en un latid