Perspectiva: Carlos Rivera
La casa estaba en silencio, envuelta en el profundo y aterciopelado susurro de la medianoche. La única luz en el comedor privado de la familia provenía de una única lámpara de latón colocada en el aparador, que proyectaba un charco cálido y dorado sobre un grupo de paneles de madera oscura. Al otro lado de la mesa, Martínez y yo estábamos inclinados sobre una colección de listones pulidos, tornillos y tarugos de madera.
Estábamos desempacando una cuna de madera antigu