El aire de la mañana en la oficina administrativa del segundo piso de nuestro local principal en Valencia se llenaba con el zumbido suave y rítmico de un ordenador de última generación y con el cálido aroma a jazmín que flotaba desde el balcón. Me encontraba junto a un escritorio ergonómico y elegante, ajustando con cuidado la altura de la cómoda silla de cuero y colocando un suave reposapiés de terciopelo debajo.
Al otro lado de la estancia, María estaba sentada en un sillón orejero, con las m