Perspectiva: Maria Martinez Lopez
El aire en la cocina estaba cargado con el aroma de mantequilla dorándose, tomillo fresco y el almizcle profundo y rico de una reducción de vino tinto a fuego lento. Era ruidoso, caótico y perfecto. La máquina de pedidos no paraba de emitir comandas con un chasquido rítmico e incesante que, para mí, sonaba más a música que a ruido.
—Veinte minutos para la mesa cuatro, cordero —anunció Max desde la estación central.
Llevaba su impecable chaqueta blanca de chef e