Decidí reunirme con Ayala. Luces brillantes la rodeaban; parecía radiante, ajena a la crisis de Grupo M. Tal vez seguía bajo la protección de Javier o ya había encontrado un reemplazo.
Sin rodeos, le pregunté:
—Señorita Heras, ¿aún piensas casarte con Javier?
Sin el temor que mostraba ante él, Ayala respondió con una sonrisa:
—Por supuesto, si ya lo sabes, no tengo nada que ocultar. Javier es mi mejor carta y no lo soltaré.
Me pregunté cómo reaccionaría Javier al enterarse de su opinión sobre él