Mientras tanto, Callum había llegado a la habitación de Mary con paso apresurado, trayendo consigo una bolsa de uvas frescas que había robado de la cocina sin ser notado en el acto. Mary, al verlo entrar, sintió un calor reconfortante en su presencia, por alguna razón le alegraba la existencia sus visitas.
—Callum, buenos días —saludó la joven sonriente, ya con el color de su rostro más recuperado— ¿Esas son uvas?
El guardaespaldas asintió con la mirada hacia el suelo y le extendió la bolsa ll