Capítulo veintitrés. Esta noche te llevaré al Olimpo
La mirada de Félix Remington se deslizó por el cuerpo perfecto de Andy. «Tengo que reconocer que eres más ardiente que el sol. Mujer vulgar», pensó.
Se puso de pie y caminó para ir a su encuentro y antes de que pudiera decirle una sola palabra, ella giró para verlo y la respiración se le atoró en el pecho. Era una puta diosa en todo el sentido de la palabra.
—Cierra la boca o te entrarán moscas —se burló con una sonrisa sexi—. Parece como si nunca hubieses visto a una mujer —añadió.
Félix había