Aslan Murabak
Nuestras vacaciones eran con nuestras familias, cada uno en su país. Nuestra relación ya no era la misma. Yo tenía más compromisos que antes y no disponía de mucho tiempo para estar detrás de ella. Las llamadas, que eran frecuentes, empezaron a ser sólo mías. Si yo llamaba, ella contestaba, y si yo no llamaba, no hablábamos. Comprendí que estaba con sus amigas y quería disfrutar de sus vacaciones. Yo pasaba a un segundo o tercer plano en su vida, y eso me entristecía. Mi princesa,