En un asilo de ancianos, sonaba la rueda chirriante de un carrito que cruzaba el pasillo, repartiendo libros a quien los pidieran.
Nolasca les pasaba a los ancianitos los títulos que habían pedido anteriormente, al terminar su turno camino hacia el comedor donde Estela la esperaba en una mesa, ambas comieron en silencio, se veían distintas, el cansancio y el sufrimiento se notaban en ellas, aunque ese solo era su trabajo se sentían extrañas estar ahí. Cuando estaban dentro del aquelarre, ambas