La presencia de Anastasia ilumina la estancia en cuanto aparece, llevando en su mano lo que parecen ser dos batidos. La miro con curiosidad. Hoy lleva un vestido blanco que le sienta de maravilla y resalta su abultado abdomen. Es tan hermosa.
—Hola Zared, sabía que estarías ocupado, así que avisé antes de subir. Nunca había estado aquí antes, pero Rebeca me dijo que te gustan mucho los batidos de piña —saluda, explicando el motivo de su visita, y luego se queda mirando detenidamente mi oficina.