Capítulo 28. Un Dragón

El primer lugar a donde Albert se dirigió sin dudar fue a la habitación de Norah, sus pies lo guiaron a través de los amplios pasillos. A pesar de la vista brumosa, él caminaba sin titubear como si no importaran sus ojos que apenas podían distinguir sus pisadas. Conocía la mansión, cada puerta, cada pasillo, cada cruce y cada escalera. Sus recuerdos del castillo eran de toda su vida, no era difícil para él seguir sus memorias.

Por otra parte, Marcus apenas si podía continuar en pie, l

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