Inés estaba tan nerviosa que su respiración estaba bastante agitada; sus mejillas, se volvieron tan rojos como habiendo justo recibido una bofetada.
Ambos permanecieron en silencio, tomados de la mano, cada uno enrojeciendo más que el otro, pero deseando continuar así, sin querer soltar.
Clara se calmó un poco y le dijo a Alejandro: —Después de lo de hoy, Alba no puede quedarse en Villa Mar por ningún motivo. Si a ti y Alba no les importa, quiero que Alba vaya a Valencia y trabaje en Villa Hermo