Al día siguiente, cuando Daniela despertó, llamó a Diego.
Ayer estuvo tan enojada que casi se olvidó del asunto de los Flores.
—¿Ya pensaste en el pedido que te hice la última vez?
Del otro lado del teléfono, Diego guardó silencio nuevamente, se demoró un momento antes de hablar:
—Daniela, ven a casa para que hablemos en persona.
—No me atrevo. La última vez tuve suerte de no terminar muerta, esta vez no estoy tan segura.
Diego volvió a guardar silencio:
—¿Entonces qué hacemos?
—Ven a lo de mi