Daniela lo miró con cierta confusión.
Sebastián, con el ceño muy fruncido, permaneció en absoluto silencio por un momento.
—¿Señor Romero?
Sebastián volvió en sí y la miró profundamente: —Trabajas en la empresa como secretaria, pero solo es de apariencia, realmente no eres mi subordinada.
Daniela se quedó al instante sin palabras.
—No necesitas llamarme señor Romero.
Daniela frunció el ceño.
No entendía muy bien la lógica de Sebastián, ni por qué decía eso. Llamarlo señor Romero era solo una mue