Daniela sintió un repentino sobresalto en lo profundo de su corazón y miró rápidamente hacia allí.
Sebastián sostenía con delicadeza a Sofía, mientras la copa de champaña en la mano de Sofía seguía temblando.
Y al lado, en el cuadro Nocturno sobre el mar, había unas gotas de agua muy visibles.
Antonio, con una expresión de dolor, exclamó de inmediato: —¡¿Cómo pudiste entrar con líquido?!
Si Sofía fuera su alumna, ya la habría regañado.
Pero Sofía era una donante y, realmente no sabía ni cómo emp