Sebastián y Daniela atrajeron de inmediato todas las miradas en cuanto entraron al salón.
Ambos llevaban trajes muy modernos. Él, con una actitud fría y altiva, y ella, con una gracia serena y elegante. Solo con estar de pie, parecían una verdadera obra de arte, perfectamente emparejados y muy hermosos.
Entraron tomados de la mano, sonriéndose de vez en cuando, sin mostrar ningún rastro de los rumores de la discordia matrimonial que aparecían en las noticias.
En realidad, las uñas de Daniela est