Aunque contesté la llamada de Armando, mi actitud hacia él seguía siendo mala. Ahora lo considero mi mayor enemigo.
—Jazmín, ¿es necesario que me hables con ese tono tan frío?
La voz de Armando al otro lado del teléfono sonaba grave. Podía notar que estaba conteniendo su enojo.
—Señor Armando, estamos fuera del horario laboral. Si no tiene nada importante que decir, le pido que no me llame. Necesito mi vida privada, gracias.
Ignorando su ira, le respondí con frialdad e intenté colgar.
No quiero