—No puedo gobernar la manada, Aurora. Nunca lo había pensado —exclamó Sage en voz baja, mirando al vacío.
Aurora lo había seguido hasta su casa después de prometerle al rey Cowell que hablaría con él. Llevaba varias horas suplicándole, pero Sage se mantenía firme. No iba a aceptar la propuesta. Él solo era el hijo del Beta y ahora le pedían que gobernara su manada. ¿Cómo demonios iba a suceder eso? Jamás había soñado con ser siquiera el Beta, mucho menos el Alfa de toda la manada. Le parecía al