Aurora terminó su entrenamiento y afiló su daga como siempre lo hacía. Una vez terminada, la guardó dentro del cinturón que llevaba en la cintura. Sus conocidas le hicieron una reverencia mientras ella salía del campo. Se apresuró hacia el edificio de la manada, pero al recordar que necesitaba saludar a su abuela, dio media vuelta y salió del edificio hacia el estacionamiento. Aunque su cabaña estaba a solo unos metros del edificio de la manada, decidió llevarse el coche.
Abrió la puerta de su