La alarma de Aurora sonó demasiado temprano para que pudiera despertarse. Era como si no hubiera dormido ni un segundo desde que se acostó la noche anterior. Se sentía débil y agotada. Deseaba volver a la cama, pero no podía. Tenía que estar en el edificio de la manada, donde los renegados recibirían su veredicto final.
Se frotó las ojeras con el pulgar, mirándose en el espejo de metro y medio de su baño.
Después de bañarse, sacó otro uniforme. Satisfecha con su aspecto, se puso las gafas y sali