Narra Marina.
El viaje a Detroit estuvo mucho más difícil que cualquier otro que hubiese vivido. A decir verdad, fue el primer viaje que hice sola, sin planear, solo guiándome por mi corazón; sin importar que el dolor en mi cuello estaba matándome al igual que el de mis costillas.
Pero ahora me remuevo en la cama, y aquí lo veo. René está boca abajo alejado de mí, pero su mano tiene la mía entrelazada. Tengo una buena vista de su trasero, de su espalda llena de algunas espinillas que jamás habí