Elara miró a Quincey con frialdad y dijo con rostro indiferente: "Señora Ashcroft, ¡no a todo el mundo le gusta ser una rompehogares tanto como a usted!"
Había soportado especialmente la humillación a la que la había sometido Quincey, pero no podía tolerar la grosería de esa mujer hacia Samantha.
El rostro de Quincey palideció y su pecho se agitó con ira.
Ella gritó: “¡Elara, cállate!”
Le era imposible no enfadarse después de haber sido humillada públicamente por su exnuera, quien la había opri