XLV. ¡Casémonos ya, Sr. Wilde!
- ¿Y entonces el zopenco de Dylan no te llamó para insultarte a nombre de su amante?- me pregunta Carlos mientras está tomando un helado, con mucha tranquilidad, en una balsa en forma de cisne que flota pacíficamente, en nuestra piscina exterior.
- Bueno, yo lo tengo bloqueado, pero de seguro tampoco tendrá ganas de meterse conmigo después de que su bisabuelo se debió enojar muchísimo con él, por asociarse públicamente con Elena y después de que yo mencioné su romance secreto a mis espaldas- di