Para mi familia, los días sin mí eran como un cuchillo sin filo que se hundía un poco más con cada día que pasaba.
Durante el primer mes, mamá siguió llamando a todas partes, intentando encontrarme.
Al tercer mes dejó de hacerlo, pero solo porque no existía ningún medio por el que alguien pudiera comunicarse con la base.
Al sexto mes, empezó a sufrir insomnio.
El médico dijo que era un insomnio provocado por la ansiedad y le recetó pastillas para dormir.
Cada noche, mamá tomaba una y se aco