Despierto por el sonido de la alarma, palpo la cama en busca de Ginger quién muerde mi dedo con sus pequeños colmillos. Rio al ver lo tierno que luce haciendo eso, ya no está tan delgado, ha ganado un poco más de peso, de hecho las costillas que se le marcaban ya no sobresalen como antes. Ronronea y le acaricio sus orejitas, su pelaje es tan suave que dan ganas de abrazarlo.
Lo bajo al suelo y le doy de comer, luego me dirijo al baño, lavo mi rostro con agua fría y me cepillo los dientes. Entro