CARMEN
Mil campanas suenan dentro de mi cabeza al mismo tiempo cuando intento abrir los ojos. Un rayo de luz atraviesa mis párpados, hiriéndolos, y tengo que respirar profundamente, esperando que el furioso dolor de cabeza se detenga. El dolor agita mis nervios, los calambres se apoderan de mis piernas como si fuera una mujer de sesenta años en su lecho de muerte.
Anoche... lo recuerdo tan claro como el día hasta el momento en el que Jason me abrazó y me echó por encima de su hombro como si fue