VINCENT
No está contenta. No es feliz en absoluto, lo que es sorprendente porque ella misma cavó esta tumba para nosotros. Esa es Carmen Llorís ahora mi esposa, impulsiva como su padre.
—Ya puedes besar a la novia—, dice el sacerdote.
Doy un paso adelante y veo que ella se aleja. Es un movimiento notable, pero dudo que nadie más que yo lo haya notado.
He estado con muchas mujeres en mi vida, pero nunca me había sentido tan nervioso al besar a alguien. Es como entrar en una trampa mortal. Con un