El sonido de los tacones de Lila resonaba sobre el suelo de madera pulida con el ritmo de quien intentaba mantener el orgullo intacto, aunque estuviera tragándose la sorpresa del destino. Detrás de ella, Taylor caminaba con pasos largos y silenciosos, cargando dos de las cajas más pequeñas que no permitió que el chofer tocara, no por amabilidad, sino por desconfianza.
El ambiente estaba tenso y cargado.
Cuando se detuvieron frente a la última puerta del corredor, Taylor giró la manija y empujó