En el comedor, el ambiente era puro encanto rural: el aroma de los frijoles recién sazonados se mezclaba con el olor de la carne guisada a fuego lento, sumergida en una salsa espesa con papas doradas y cebollas casi deshaciéndose. Sobre la mesa, Maria se había esmerado: maíz tierno cocido con mantequilla, ensaladas coloridas de lechuga, tomate y cebolla morada y, en el centro, su famosa tarta de pollo, una especialidad que hacía que cualquier invitado pidiera una segunda porción. El pan de maíz