Hanna Becker
New York
Llegamos a la iglesia mi tío y yo, nos dimos un abrazo en la limusina y me empecé a sentir demasiado nerviosa y era bonito, esos nervios que deben pasar todas las novias que se van a casar con los hombres que aman y hoy es mi turno y el de mi mejor amiga Susan, de volver realidad nuestro sueño de siempre el de casarnos con los hombres que amamos y además juntas.
–Hanna, ¿Estás lista para ir a casarte? – Preguntó mi tío – Si no quieres y aún te quieres arrepentir, yo te ayu