Mylene abrió los ojos lentamente y bostezó, estirando sus brazos por encima de su cabeza. Pero al hacerlo, notó que no encontró el cuerpo cálido de Leo acostado a su lado.
Pensando que quizás Leo se había levantado temprano para hacer algo, se levantó de la cama y buscó en la casa, pero no encontró rastro de él.
Finalmente, Mylene escuchó el sonido de la puerta principal y, al acercarse a la ventana, vio a Leo llegar todo sudado, con ropa deportiva y con una expresión seria en su rostro.
Se apr