De vuelta en casa, Ella encontró un lugar bien ventilado y colgó la jaula de Bobo.
Le puso agua y comida.
De repente, unos brazos la rodearon por detrás.
Sus mejillas se calentaron al instante.
Él inclinó la cabeza, acercando su rostro a su oído.
Un beso suave se posó junto a él.
—Bobo está mirando —susurró ella.
—Entonces iremos a otro lugar.
La giró con suavidad y la llevó al salón.
Esta vez su beso fue más profundo: cálido, persistente.
Ella sintió cómo su respiración se volvía irregular.
Él