La sonrisa de la coordinadora del evento se enfrió varios grados.
—¿Y a qué piso se dirigen ustedes, señoras?
—Al segundo piso —respondió Nora con confianza.
Asumía que, como mucho, Ella también iría al segundo piso. Lo de subir al ático tenía que ser puro farol.
—En ese caso, por favor esperen el siguiente ascensor —dijo la mujer con cortesía.
—La capacidad del ascensor es de diez personas. Incluso juntas, somos menos que eso —señaló Piper.
La mujer mantuvo su sonrisa profesional.
—Este ascens