―¡No! ―Las palabras brotaron de la boca de Sara antes de que terminara de hablar.
―Ni siquiera has escuchado mi propuesta.
―No necesito escucharla, no me casaré contigo de nuevo, no seré tu mujer, ni jugaremos otra vez a las casitas.
―No es eso lo que te estoy proponiendo…
―¿No? ―preguntó ella con sarcasmo.
―¡No! Te ofrezco un matrimonio contractual, hasta que Asad cumpla los dieciocho años y se vaya a la universidad, será solo de papel, nuestro hijo merece tener mi apellido legítimo y una