Observo fijamente la vista de la ciudad desde mi oficina, termino de tomar un sorbo de café y suspiro volviendo a mi escritorio.
Las vacaciones ya pasaron y tengo un deber con mi trabajo en esta editorial y para mi pesar con la de Alfredo.
Este último no se nada de él y por lo que me dice mi secretaria ni siquiera se ha presentado por aquí o ha llamado.
Unos toques en la puerta me sacan de mis pensamientos, la puerta se abre y entra Alfredo con un aspecto un poco mal.
—Hola —Musita suaveme