Christopher.
Después de unos minutos mi cuerpo seguía estático, Peter seguía con un sonrisa luego de tomar a la chica y atarla a un Stan.
—¿Cómo?— solté sin poder asimilar nada aún.
—Son vendedores de órganos— soltó Peter, y me lanzó otro bate—. Ten, cuidado aquí todos te conocen.
—¿Cómo es que supiste que estaba aquí?
Peter soltó una carcajada, sostuvo su estómago y limpio una lágrima falsa:
—No te creas importante niño, estoy aquí porque casi me matan también —lo dijo tan tranquilo que me dio