Faith sacó unas velas.
—Toma, con esto estarás bien —le aseguró.
Los ojos de Lydia estaban muy rojos.
—¿Puedo al menos ver tu rostro o saber tu nombre?
—No te preocupes, siempre estoy aquí a esta hora todos los días. Algún día me verás.
—Está bien… ¿entonces tu nombre?
Faith pensó un momento antes de responder.
—Soy Deborah.
—Bonito nombre.
—Gracias. Me voy, nos vemos otro día.
Lydia le dijo adiós con la mano.
Esa noche, Faith estaba en su habitación preparándose para el gala benéfica que sus p