Golpeé la puerta con fuerza, tratando de controlarme, mientras el eco de mis gritos retumbaba en la habitación vacía. La frustración me quemaba por dentro, la rabia mezclada con un miedo incontrolable. Sabía que Andrés podía ser cruel, pero nunca imaginé que su odio llegara tan lejos, ni que estuviera dispuesto a hacerme tanto daño.
Caminé de un lado al otro, intentando pensar en una salida. La ventana estaba sellada y las paredes de la habitación parecían de concreto. Revisé cada esquina, cada