CAPÍTULO 80: EL LEGADO PERDIDO (II)
Liana se detuvo frente a la puerta de la habitación de Artem. Había decidido ir a buscarlo después de dudar en el estudio, pero ahora que estaba allí, su corazón latía desbocado. Tocó suavemente la puerta, pero nadie contestó. Tragó saliva y, sin hacer ruido, la abrió lentamente. Lo vio, tumbado en la cama, profundamente dormido. Se quedó paralizada un instante, su pecho lleno de emociones contradictorias, desde la rabia hasta una atracción que no podía nega